Mauro

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Mauro es “pasador”. Es decir, es alguien que anda por la calle comprando cosas para pasar billetes falsos. Mauro es discreto. Marcela y Luis viven juntos; ella está embarazada de pocas semanas. Luis y Mauro instalan un pequeño taller de serigrafía para falsificar billetes. Mauro conoce a Paula en un bar. Hay más personajes, y todo un mundo desplegado alrededor, con su propia lógica, sus diálogos, sus jerarquías. A diferencia de El dinero, la obra maestra de Bresson que ponía el centro de la tragedia en el billete falso y su circulación, en esta ópera prima, la actividad con los billetes es el sólido fondo de una película sobre personajes. Rosselli se anima a dotar al trajinado realismo del cine argentino de variaciones, intimidad creíble, diálogos sin pose ni artificio, música y diversos recursos formales que se integran en una narrativa que fluye sin ripio alguno. La engañosa sencillez e inmediatez de Mauro no son otra cosa que el resultado de una puesta en escena y un montaje conscientes y reflexivos que conocen, como el personaje del título, el valor de la discreción.  Javier Porta Fouz